Nuestro primer viaje en familia: miedos, decisiones y aprendizajes reales

El primer viaje en familia suele venir acompañado de muchas dudas.
De repente aparecen miedos que antes no estaban, inseguridades nuevas y una lista infinita de “¿y si…?” que muchas veces termina con un:
“Bueno… ya lo haremos.”

Pero si lo piensas bien, el día a día con un bebé tampoco es sencillo.
Cada día surgen retos nuevos y, con más o menos facilidad, los vais superando. Sale. Siempre sale.

Así que si dentro de vosotros hay algo que os empuja a hacer ese primer viaje con vuestro peque, no es por casualidad.
No sois egoístas.
No sois inconscientes.
Y para nada sois imprudentes.

Sois padres con ganas de volver a sentir, de cambiar de aires, de reconectar y de recordar que, además de cuidar, también necesitáis vivir.

Y vuestros hijos también lo necesitan.
Ver a sus padres fuera de la rutina, en otros contextos, les enseña a mirar el mundo con curiosidad y confianza.

Por eso hoy, en este primer post del blog de Tartaruga Experiencias, queremos contaros nuestra experiencia real en nuestro primer viaje en familia y compartir qué cosas nos ayudaron.
Por si os sirve para organizar el vuestro… o al menos para verlo un poco más posible.

Elegir destino: escuchar lo que necesitábamos

Valoramos muchas opciones, pero todas nos llevaban al mismo sitio: el mar.
Nuestra peque nació en mayo y sentíamos que nos habíamos perdido una de las cosas que más amamos: la playa.

Eso sí, siendo aún un bebé, la exposición al sol no era una opción. Así que la logística tenía que estar muy bien pensada para que ella estuviera segura y nosotros pudiéramos disfrutar, aunque fuera a turnos 😅

Viajar acompañados: cuando compartirlo lo cambia todo

Aquí tuvimos mucha suerte.
Nuestros amigos también querían viajar y estaban abiertos a adaptar los planes a nuestra hija. Y ahí vimos la luz.

Viajar con alguien que disfruta de vuestro bebé, que no lo ve como un problema sino como una oportunidad de compartir, marca una diferencia enorme.
Nadie se queda solo. Nadie siente que estorba. Todo fluye.

Para nosotros, este punto fue clave.

Alojamiento: pensar en las noches (muy importante)

Tuvimos muchas dudas entre hotel o apartamento.

El hotel parecía cómodo: desayuno hecho, cama hecha, servicios…
Pero para el tipo de viaje que queríamos y viajando con amigos, tenía una gran desventaja:
a las 20:00 estar todos encerrados en silencio, a oscuras, esperando que nuestra hija durmiera.

Así que optamos por un apartamento.
Eso nos permitió mantener rutinas similares a casa: ella dormía a su hora con la cámara de vigilancia y nosotros podíamos cenar tranquilos, conversar y alargar un poco los días.

Para nosotros, fue un acierto total.

Qué llevar: tranquilidad antes que ligereza

Necesitábamos sentir que llevábamos todo lo que podía hacerle falta, aunque luego no lo usáramos.
Viajar tranquilos era más importante que viajar ligeros.

Nuestro destino fue Cabo Verde, y sabíamos que algunas cosas podían ser difíciles de encontrar allí, así que decidimos llevar de todo.

Nuestra lista para un viaje de playa con bebé:

  • Pañales
  • Toallitas
  • Muselinas
  • Baberos
  • Toalla de baño
  • Gel
  • Cremas y pomadas
  • Vitaminas
  • Apiretal
  • Termómetro
  • Gasas
  • Suero fisiológico
  • Material para lavados nasales
  • Sombreros
  • Mosquitera
  • Pegatinas de citronela
  • Muselina grande para proteger del sol
  • Ropa de baño con protección solar
  • Semitienda con protección solar
  • Cortaúñas

Cada familia y cada edad es diferente, pero nuestro consejo es pensar tanto en lo que usáis a diario como en aquello que, aunque no sea habitual, puede sacarte de un apuro.

Salud y seguridad: elegir con calma

Este punto fue fundamental para nosotros.

Buscábamos un destino que:

  • tuviera hospital relativamente cerca
  • permitiera volver a casa en pocas horas
  • tuviera trayectos sencillos, sin escalas ni demasiados cambios

El vuelo duraba 4 horas y era directo.
Elegimos horarios de mañana temprano y, para reducir el cansancio, dormimos la noche anterior en un hotel cerca del aeropuerto (tanto a la ida como a la vuelta).
Los horarios de vuelo marcan muchísimo la experiencia viajando con niños.

En la Isla de Sal teníamos centros sanitarios cerca, y además nos tranquilizaba saber que, en caso de urgencia, había vuelos diarios a España (aunque fuera vía Canarias).

Y, por supuesto, contratamos seguro de viaje.
Elegimos IATI, con su plan familiar, que tenía coberturas muy adecuadas para este tipo de viaje.

Para terminar…

Nuestro primer viaje no fue perfecto.
Pero fue real, consciente y profundamente transformador.

Viajar con bebés no es imposible.
Lo que hace falta es otra forma de pensarlo… y, a veces, un poco de acompañamiento.

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